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¿Cómo afecta el locus de control a tus relaciones de pareja?

Las personas con un locus de control externo suelen asumir una posición de víctima en sus relaciones de pareja. Son las que caen de manera más frecuente en vínculos de dependencia, las que terminan perdiendo su individualidad. Te explicamos por qué.

¿Cómo afecta el locus de control a tus relaciones de pareja?

Última actualización: 25 agosto, 2022

¿A quién responsabiliza cuando algo no va bien en tu vida? ¿Al destino, a la sociedad, a terceras personas? Y cuando estás en una relación de pareja, ¿quién es el responsable de tu felicidad? Sabemos que en materia afectiva y relacional la calidad de un vínculo es siempre cosa de dos. Sin embargo, hay quien tiene una visión distinta sobre el tema.

Muchas veces descuidamos el modo en que afecta el locus de control a cada área de nuestra vida. Incluyendo la relativa al amor. De este modo, quienes evidencien un locus de control externalizado desconocerán dónde empiezan ellos y dónde empieza el otro. Hipervigilancia, inseguridad afectiva, celos, desconfianza, apego ansioso, miedo al abandono…

La percepción de que el bienestar de uno depende del azar, el destino o de lo que haga el otro solo conduce al sufrimiento. La mente entra en un estado de inseguridad constante y también de dependencia absoluta. Uno pierde su individualidad y queda supeditado por completo a su pareja para obtener un refuerzo a su autoestima, templanzas a sus miedos y seguridad en su relación.

Estamos ante un componente de nuestra personalidad que supedita por completa capacidad para ser felices.

Recuerda, en cualquier situación, sé tú mismo y evita fusionarte emocionalmente a la otra persona.

Si nuestro bienestar depende en exclusiva de cómo esté nuestra pareja o de lo que haga o deje de hacer, estaremos supeditados al sufrimiento.

Así afecta el locus de control a tus relaciones

El concepto lugar de control define el grado en que las personas sienten que tienen el control de lo que ocurre en sus vidas. Fue el psicólogo Julian B. Rotter quien desarrolló esta teoría en 1954. Estamos ante un constructo muy popular en la literatura psicológica y que atrae la atención de numerosos investigadores desde entonces.

Por ejemplo, en un estudio del 2020 de la Universidad Victoria de Wellington incide en un dato interesante. Esta dimensión se integra en nuestra personalidad y está detrás de infinidad de correlatos comportamentales. Así, las personas con un locus de control externo tienen un riesgo mayor de derivar en tendencias delictivas.

También se ha visto que tienen menos adherencia a los tratamientos psicológicos, los abandonan antes y tienen menos impacto en ellos. Cuando uno responsabiliza a fuerzas externas de sus circunstancias, el nivel de responsabilidad personal se diluye por completo. Estos perfiles asumen, incluso, que no tienen ninguna capacidad para cambiar su realidad, por muy adversario que sea esta.

El impacto que este enfoque mental tiene en el seno de las relaciones afectivas es enorme.

Fusion emocional y perdida de la identidad

El modo en que afecta el locus de control a las relaciones de pareja puede ser devastador. Sobre todo, cuando nos convertimos en agentes reactivos a las fuerzas externas que actúan sobre nosotros. Es decir, las personas que supeditan su felicidad y su bienestar únicamente a lo que haga o deje de hacer la pareja evidencian una rotura absoluta de su propia identidad.

Lo que se produce entonces es una fusión emocional evidente nociva con la otra persona. Se integran de tal manera en el otro que los confundirán en sus propios espejos. Ahí donde mirar para saber quiénes son, cómo se encuentran y qué quieren cada día. Así, y debido a que sus identidades quedan del todo fagocitadas por los demas, requiere de una validación constante.

Validación para saberse amados, validación para sentirse importantes, para hallar migajas con las que lograr algo de motivación, de amor propio y bienestar. Poco a Poco, acaban convirtiéndose en lo que creen que los demás quieren que sean.

Sensación de vacío e indefensión aprendida

La persona con un locus de control externo asume, en muchos casos, una posición de víctima. Esa actitud y ese comportamiento vienen reforzados por lo que conocemos como indefensión aprendida. Fue Martin Seligman quien definió este último concepto. Con él, se hace referencia a ese estado mental en el que una persona se convence de que no puede hacer nada para afrontar o escapar de situaciones que le son dañinas.

Lo complejo es que estas personas con dicho locus de control son plenamente conscientes de su infelicidad. Saben que depende de manera absoluta de lo que la pareja les diga o les demuestre para sentirse bien, para validar su autoestima e identidad. Pero no pueden cortar este suministro. Dependen de él y nunca es suficiente. Esto les transmite a su vez una sensación turbadora de vacío, de que nunca son amados como esperan o merecen.

Por otro lado, si nos preguntamos por qué hay quien desarrolla este tipo de locus de control, es importante saber algo. No estamos ante un componente innato de personalidad. Nuestras experiencias de infancia y el tipo de apego construido con nuestros cuidadores en la niñez suelen determinarlo.

los niños lograron padres fomentaron su independencia y los ayudaron a desarrollar su responsabilidad personal pueden dar forma a aquellos locus de control interno. Es ese enfoque en el que comprender que los actos tienen consecuencias y que cada uno puede y debe asumir las riendas de sus actos y decisiones.

El locus de control externo nos desproviste de todo sentido de responsabilidad hacia nosotros mismos.

Aunque en nuestra vida siempre existe cierta dosis de azar, todos tenemos cierto control sobre muchas de las cosas que nos pasan.

El locus de control interno nos garantiza relaciones más felices

El modo en que afecta el locus de control interno a tus relaciones de pareja lo cambia todo. Nos convierte en personas maduras, responsables y asertivas capaces de guiar sus vidas y sus decisiones. Ese enfoque internalizado se correlaciona con la oportunidad de tener vínculos afectivos más felices y de mayor calidad.

Scott M. Myers y Alan Booth demostraron en 1999 en un trabajo que, a mayor sensación de control, mayor felicidad y disposición para construir una vida conjunta más satisfactoria. En estos escenarios afectivos ya no existe esa dependencia obsesiva hacia el otro, ese temor insidioso a no ser amado, a no ser suficiente para la otra persona.

En este caso, ya no es el azar, las circunstancias o el comportamiento del otro lo que modula el estado de ánimo y el devenir de la vida. Somos nosotros, con nuestras decisiones y nuestra voluntad para cuidar de la relación, lo que edificará la oportunidad para ser felices. Y también, con nuestro locus de control interno, quienes impulsaremos a dejar atrás a una persona si este nos trae sufrimiento en lugar de esperanza.

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